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El milagro de Juan Matute: de recibir la extremaunción a tener la vista puesta en Tokio

Hípica MARCA, testigo del primer día que monta tras sufrir un derrame cerebral hace casi tres meses

Juan Matute vuelve a montar a caballo tras el derrame
FOTOS: JOSÉ A. GARCÍA / VÍDEO: JOSEBA ARROYO

Sus ojos brillan más que nunca y su sonrisa ilumina la hípica familiar Sun Point 26. Juan Matute está feliz, es feliz. El joven jinete madrileño, de 22 años, recibe a MARCA a lomos de ‘Guateque IV’, precisamente el caballo con el que estaba entrenando el último 5 de mayo cuando comenzó a sentirse mal. Tras bajarse de él, le dio un derrame cerebral. Es el primer día que vuelve a montar desde entonces y la emoción se palpa en el ambiente. «Me he sentido un poquito raro después de estos meses fuera, pero estoy muy feliz, en la gloria, porque al final, yo vivo aquí, en familia, con mis caballos, mi gente… «¡Los echaba tanto de menos!«, dice. La vida le ha dado una segunda oportunidad y está dispuesto a aprovecharla al máximo.

Aunque aún falta para que pueda volver a entrenar con normalidad, si por él fuera, lo haría mañana mismo. A ilusión y ganas no le gana nadie. «Ya verás las agujetas que va a tener mañana», apunta riendo María, su madre. A su lado está Juan, su marido, jinete olímpico en Barcelona 92, Atlanta 96 y Sidney 2000. Los dos miran a su hijo con orgullo y admiración, conscientes de que su recuperación ha sido un milagro y emocionados de volver a verle trotar y galopar, aunque sea muy poco y con mucha prudencia, sin arriesgar lo más mínimo.

El escenario es el mismo en el que estaba entrenando aquel fatídico día. «Fue en esa esquina», dice Juan señalando al fondo. De aquel día, el joven jinete no guarda recuerdo alguno. «No recuerdo absolutamente nada. No recuerdo ni dolor, ni molestias. Me sucedió y ya está. Durante la semana previa le comenté a mi madre que me dolía mucho la cabeza», relata.

«El día anterior había estado tocando la guitarra al sol mucho tiempo y pensamos que le dolía por la típica insolación. Le dijimos que se tomase un gelocatil y no le dimos importancia. Pero al día siguiente, el entrenamiento le costó. Se lo noté. Cuando le vi un poco blanco le dije que se bajase del caballo y en cuestión de segundos tuvo el derrame«, desvela su padre.

Angustia y temor se entremezclaban a partes iguales. Los segundos parecían minutos y los minutos, horas. María, su madre, se enteró a través de la llamada de su marido. «Cuando llegué ya estaban dos ambulancias y un coche de policía. Juan estaba en el suelo, inconsciente, con los ojos en blanco y el cuerpo como cuando te da un ataque epiléptico. Como se mordía la lengua, mi marido le tuvo que poner una fusta para que no sangrara. Unos padres no deberían ver nunca lo que vimos», recuerda. La mirada de Javier, el médico del helicóptero que trasladó a su hijo al hospital La Paz, se lo dijo todo.

María lo vio tan mal que pidió que en cuanto llegase al hospital un sacerdote le diese la extremaunción. «Porque no sabía si cuando llegase yo le vería con vida. Los médicos nos dijeron que estaban intentando mantenerle con vida. El intensivista reconoció que era pesimista y nos dijo que nos preparásemos para lo peor», recuerda.

A Juan le habían detectado una malformación congénita. «El tercer día después de la operación ya nos dijeron que no había ningún tipo de posibilidad, estaba prácticamente desahuciado. Le entraron por la arteria y se complicaron las cosas. Pero tuvimos la suerte de tener unos Ángeles de la Guarda con el equipo de neurocirujanos del doctor Claudio Rodríguez, de la Fundación Jiménez Díaz«, explica Juan padre. Les hablaron de él y no dudaron en trasladar a su hijo allí. «Le intervinieron a través de la vía intravenosa y ha sido un éxito», dice agradecido mirando a su hijo, que está sentado a su lado. Los gestos de cariño son constantes entre ambos. Las miradas de complicidad, también.

Juan permaneció 25 días en coma y un mes y diez días en total en la UCI hasta que le pasaron a planta. Le dieron el alta el 3 de julio. «Durante todo este tiempo no se ha quejado ni un sólo día. Yo ya sabía de la pasta de la que estaba hecho mi hijo, pero es que su mensaje siempre ha sido que se sentía bendecido por la suerte que había tenido. Tenía hemiparesia, no podía mover nada del lado derecho. Su padre le decía que volvería a estar como antes y él se tocaba el brazo derecho y la pierna porque era consciente, pero no se quejaba«, rememora María. «Ha sido un ejemplo de vida y una motivación».

Desde que le pasaron a planta, Juan pidió a su padre que le enseñase vídeos de sus caballos. «Quería ver su progresión. El pasado, pasado está. Hay que pensar de ahora en adelante», dice. «El tercer día después del derrame empecé a venir (a la hípica familiar) porque era una forma de motivarme y pensar que no estaba todo perdido, que Juan se iba a recuperar e íbamos a seguir», dice el progenitor con la voz quebrada. En ese momento su hijo le aprieta la mano y le dice: «Jefe, estamos aquí». Lo hace con una sonrisa enorme mientras los ojos de su padre tratan de recuperarse de la emoción.

Durante todo este tiempo, la fe de su familia ha sido clave. «Nos ha ayudado muchísimo. Yo siempre me he considerado un cristiano un poco tibio, pero es que he visto el milagro. Las oraciones llegaban desde todas partes del mundo. La sociedad necesita ese punto de ilusión y de esperanza«, dice su padre. «Nunca nos hemos preguntado el por qué le pasó, sino el para qué. Y el para qué es claramente espiritual. Para mí todo esto ha sido una operación del Jefe -refiriéndose a Dios- para movilizar conciencias», añade su madre.

Durante los casi dos meses que estuvo ingresado por el derrame cerebral, Juan Matute perdió 25 kilos. Ya ha recuperado 10. «Estoy en 70, voy como un cohete», dice sonriendo. También está inmerso en pleno proceso de rehabilitación con sesiones diarias de mañana y tarde entre el hospital y su casa. «Para fortalecer prácticamente todos los ligamentos y recuperar la fuerza del lado derecho, que es la que me ha fallado este tiempo», explica. Aunque es duro, está motivadísimo porque tiene claro el objetivo: participar en sus primeros Juegos Olímpicos.

«Estoy ya con las miras puestas en Tokio y en mi recuperación para volver a la pista lo antes posible», dice el joven jinete madrileño. Tiene claro que quiere seguir la estela de su padre, olímpico en doma en Barcelona 92, Atlanta 96 y Sidney 2000. Además de ser su entrenador es su maestro y referente. Se nota la profunda admiración que siente hacia él en la forma de hablar con él y de él. Juntos están viviendo el sueño olímpico. «Antes de meter a Juan en el helicóptero, yo tenía en mi cartera mi escudo olímpico que me había quitado porque mi sueño era dárselo enseguida y en tu carterita (dice mirando a su hijo), te lo puse con la tarjeta de la Seguridad Social y el DNI», confiesa su padre.

Se ríen al recordar cómo de pequeño, con 6 ó 7 años, Juan montaba a caballo vestido con el dobok de taekwondo. «Incluso así llamaba ya la atención por su equilibrio y su forma especial de sentir. Con 16 años ya corría Copas del mundo con adultos. La técnica la puedes enseñar, pero el sentir y tomar las decisiones es algo muy personal. Y Juan ha sido desde pequeñito muy cerebral, siempre sintiendo lo que el caballo le decía y eso es un don que tiene. Yo he sido profesional y he sido olímpico. Creo que he tenido esa habilidad, pero esta vez se cumple el dicho de ‘Hijo de tigre sale pintado’. Me ha superado con creces«, dice orgulloso. Y todo empezó por una sana rivalidad con su hermana Paula, que participaba en concursos hípicos. «Esa competitividad nos animaba a dar nuestro cien por cien y seguir progresando», cuenta Juan sonriendo. Él soñaba con dar la vuelta de honor tras la victoria.

Fue campeón de Europa juvenil de 2015 y bronce sub25 en 2016 y 2017. Formó parte del equipo español de doma que logró el billete para los Juegos Olímpicos de Tokio en los Juegos Ecuestres Mundiales celebrados en Tryon (EE.UU.) en 2018. Muchos participantes le doblaban la edad. Ahora quiere ganarse un puesto en el equipo olímpico para Tokio. La Federación sólo llevará a los tres mejores en doma. Con el aplazamiento de los Juegos, todos vuelven a partir de cero en la carrera olímpica.

Su primer objetivo, además de recuperarse del todo, es disputar el Campeonato de España el 20 de octubre en Madrid. «Sería muy importante estar. No sé si vamos a llegar», apunta su padre. «Vamos a llegar sí o sí», dice Juan convencido.

Source: marca.com

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