España

50 minutos para analizar solo 48 horas: así fue el rastreo de un enfermero de UCI asintomático

Óscar, 25 años, enfermero de pacientes críticos en un gran hospital de Madrid, ha sido uno de los al menos 12.132 sanitarios que se han contagiado, el 19,2% de los 63.031 con los que cuenta el sistema madrileño de salud. Pero a él, el contagio le llegó ya en la nueva normalidad y cuando todos estaban perfectamente protegidos. Óscar se sometió al interrogatorio de un rastreador durante casi 50 minutos. Solo le preguntó por su actividad durante las 48 horas previas al positivo y no inquirió por lo que hizo semanas anteriores. Sus compañeros de piso dieron negativo. El rastreo no llegó mucho más allá.

Miércoles, 1 de julio

A las 06.30, como cada día que Óscar trabaja, se levantó, se duchó, se vistió y se subió al metro para llegar a su hospital. Desayunó con seis compañeras en un espacio reducido, más de 15 minutos a menos de dos metros: “Y sé perfectamente quiénes son porque lo tengo anotado en la planilla”. Volvió al trabajó —”en el que ahora mismo no faltan protecciones”— y cuando salió regresó a casa, también en metro.

En su piso lo esperaban para comer sus dos compañeras de piso. Después llegó la siesta, otra ducha y otra ropa: “Nos arreglamos para salir a cenar al Café y Tapas de la plaza de Jacinto Benavente [en el centro de Madrid], en una terraza”. Con el día siguiente libre, Óscar y sus dos compañeras de fueron de copas, a Casa de Canarias, en la calle de Santa Cruz de Marcenado, 13: “Estuvimos dentro, en una mesa apartada del resto, yo y ellas. Y ya”.

Jueves, 2 de julio

El día libre lo invirtieron en patearse el centro para ir de compras: “Recuerdo el Primark, el de Gran Vía, el Pull and Bear de esa misma calle, y algunas tiendecitas pequeñas de ropa de segunda mano en la calle del Espíritu Santo”. Aunque no sabe el nombre, sí puede ubicarlas: “Son las dos primeras según bajas de la plaza de San Ildefonso en dirección al Dos de Mayo”. Óscar repite que siempre, “siempre”, con mascarilla. “No tuve contacto con nadie más aquel día”.

Viernes, 3 de julio

Ni dolor de cabeza ni muscular ni fiebre ni tos ni pérdida de olfato o gusto “ni nada”. Ese viernes, a Óscar le hicieron una PCR por protocolo quirúrgico: “Tenían que sacarme una muela y los requisitos de la pandemia obligan a los centros sanitarios a hacer pruebas para covid-19 a todo el que vaya a someterse a una intervención”.

Sábado, 4 de julio

Supo que era positivo a las 24 horas de la prueba. “Esa noche me tocaba trabajar y llamé a mi supervisora”, relata. Ella le contó que habían tenido a una mujer con una fractura de cadera que en principio había dado negativo en la PCR, pero al repetírsela, porque presentaba síntomas, el resultado fue positivo: “Cuatro enfermeros de urgencias se contagiaron tras el contacto con esa mujer, yo la había tratado en la unidad posquirúrgica”.

Es el único indicio más o menos sobre el posible origen del contagio que tiene: “Y si tuviese que pensar en gente con la que hubiera estado, o en la calle… Pues desde luego todos asintomáticos, jamás hubiese sabido que tenían covid”.

Inmediatamente, su centro hizo una lista de pacientes y compañeros con los que había trabajado a los que tomar muestras para hacer las PCR.

Lunes, 6 de julio

Ese lunes a primera hora le sonó el teléfono. Era un rastreador. “Alrededor de 50 minutos de entrevista. Fue larga”, dice. Aunque también recuerda que quien lo llamó no se remontó 14 días atrás —el periodo que investigan los expertos en salud pública para conocer dónde pudo producirse la infección, para intentar hacer asociaciones y ver cadenas posibles de contagio—. “Las 48 horas anteriores fue por lo que me preguntaron. Aunque si tengo que acordarme de dos semanas antes… Menuda locura”, resopla Óscar.

Tras el desconfinamiento, como la mayoría de ciudadanos, había comenzado a “volver a ver a todo el mundo”. Reuniones en casas de algunos amigos, tardes en la piscina con otra amiga… “Y una vez que ya estábamos juntos, para comer o beber o lo que sea, claro, nos quitábamos la mascarilla. A lo mejor un día no salía, pero al siguiente iba a tomar café y después quedaba con otros para cenar y después con otros para tomar una copa”.

También ahora le da vueltas a cada viaje que hizo en metro para ir al trabajo. Si en alguna ocasión se bajó la mascarilla por algún motivo, o cualquier cosa que pudiese haber tocado: “Obviamente, si se investigara todo ese tiempo, los contactos directos podrían crecer”. Pero por más que piensa, es incapaz de ubicar esas dos semanas anteriores. “Necesitaría un mínimo de dos o tres horas para mirar mensajes de WhatsApp, grupos y hablar con mi pareja y ver con quién estuvo también él durante todos aquellos días”, dice. “A ojo”, calcula que, al menos, podrían ser medio centenar de personas.

En su casa, sus dos compañeras dieron negativo en la PCR. También su pareja. Son las únicas tres personas a las que él sabe que hicieron las pruebas y con las que se pusieron en contacto. “Del resto de personas no sé… Sé que a algunos sí, pero no a todos. Yo, con quien he ido hablando siguen asintomáticos y no conocen a nadie alrededor suyo que haya presentado síntomas. A ninguno de ellos se les hizo PCR”.

Óscar insiste en lo complicado que es seguirle el rastro al virus sin que haya síntomas, y en la errónea percepción de muchos de creer “que ya lo han pasado”. También él, que estuvo enfermo en dos ocasiones durante la pandemia.

Cuando le dieron los resultados en julio llegó a pensar que era un falso positivo: “Aunque sea muy raro. Porque al principio de la cuarentena estuve enfermo, con síntomas gastrointestinales, y al cabo de unas semanas, malo, malísimo, con fiebre. Ambas veces di negativo en la PCR y en la serología [la prueba para saber si un infectado tiene anticuerpos de respuesta rápida, los que aparecen justo tras la infección, o de larga, los que aparecen una vez ha remitido]”.

Lunes 13 de julio

Ese día le repitieron la prueba y desde entonces sabe que tiene inmunidad: negativo en la PCR, negativo en la IgM y positivo en la IgG. “¿Ahora? Ahora vivo normal, pero extremando precauciones: distancia, mascarilla y gel hidroalcohólico. Todo el rato”.

Lee aquí la primera historia de la serie Anatomía de un rastreo

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Source: elpais.com

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