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Dar una oportunidad es la mejor terapia

TOLEDO Actualizado:02/08/2020 19:53h Guardar

Creo que, tras algunos artículos de opinión escritos gracias a la confianza de ABC Toledo, hemos comenzado a conocernos, lo que me da pie para contarte algunas confidencias. Me considero un psicólogo frustrado. Fui uno de esos estudiantes del montón, que fue sacando sus asignaturas, consiguiendo lo que en aquel momento era un éxito para muchos de nosotros, «sacarme las asignaturas en los cinco años de carrera», como diría mi madre, o bien «no suspender nunca», como dirían muchos de los chicos y chicas que se encuentran estudiando en este momento.

Durante estos cinco años de estudios, en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, me ensañaron y adoctrinaron en la técnica de la terapia, haciéndome ver que «curar» sería mi papel en el futuro, y que la psicología se centraba en ese objetivo. Crecía en mi la ilusión de poder curar, a través de estas fórmulas, que ahora puedo confesarte, en aquel momento de juventud, me parecían mágicas. Pero, sin embargo, el tiempo me llevó por otro camino, absolutamente desconocido para mí. Finalmente, dediqué toda mi vida profesional al apoyo de personas en situación de vulnerabilidad social, especialmente por razones de discapacidad, como sabes.

Comentaba, en confianza, que me considero un psicólogo frustrado, porque tras muchos años de contacto y trabajo con estas personas, he llegado a la conclusión de que ninguno de ellos o ellas, me ha buscado para recibir terapia o tratamiento, más bien, lo han hecho para que pudiera ayudarles a conseguir una oportunidad. De ahí mi frustración, mi agradable y bendita frustración. Pude darme cuenta, de que la persona que se encuentra en esta situación de dificultad, lo primero que necesita es una alternativa, una oportunidad. Quizás los problemas, y las terapias, puedan ser la consecuencia de algo, que a nuestros ojos puede parecer sencillo. Quizás tú o yo, vivamos en el mundo de las oportunidades. Cada momento, tenemos la gran suerte de decidir, elegir, incluso buscar esa oportunidad. Incluso, en ocasiones, alguien nos llama para proponernos algo, cualquier cosa, «¿vamos a tomar algo?», «¿vemos el fútbol?», «Quiero que trabajes conmigo».

Tras muchos años, viviendo día a día con personas en dificultad o riesgo de exclusión social, he aprendido no solo a apreciar estas llamadas, sino a agradecer cada día que se produzcan. Créeme, son un regalo y puedes considerarte muy afortunado o afortunada. No hay nada más difícil que tener una oportunidad, en un sistema tan exigente como el que hemos creado. Empecé a entender cuál debía ser mi rol, que tipo de «psicología» debía ejercer para poder ayudar realmente a la persona que tenía enfrente, y que, como te digo, no le interesaba para nada mi función de terapeuta. Así que, no quedo otra que reinventarse, para servir realmente a quien lo necesita.

Durante mis años de trabajo, he conocido multitud de personas, cuyo principal objetivo era encontrar esta oportunidad. No creas, que venían pidiendo grandes maravillas. No hablo únicamente de esa alternativa laboral, que todos esperamos. Me sorprendía, la carencia de otro tipo de oportunidades más cotidianas, si me permites la expresión. Pedir una oportunidad para poder hacer amigos, salir de casa a disfrutar de un momento divertido, incluso para demostrar que pueden hacer las mismas cosas que cualquier otra persona, como coger el autobús. Es lo que te comentaba antes, empezaba a ser consciente, de que la diferencia entre nosotros, radicaba principalmente en que yo, sin darme cuenta, vivía en el mundo de las oportunidades, y, sin embargo, había personas que no tenían esta suerte.

Quizás en este momento, comience a rondar una pregunta en tu cabeza, como rondó en mí, por aquel entonces. ¿Por qué ocurre todo esto?, ¿Por qué yo vivo en el mundo de las oportunidades y otras personas no?. Pues bien, querido amigo o amiga, que cada vez que escribo nos encontramos para reflexionar juntos, en la intimidad que nos ofrecen estas líneas. Después de muchos años, tengo la respuesta. Nadie les ofrece una oportunidad, porque sencilla y tristemente, nadie cree en ellos. Mírate, haz una pequeña reflexión en este momento. Seguro que, durante toda tu vida, has tenido personas alrededor que han creído en ti, por encima de todo. Cuando quisiste estudiar eso que te gustaba, encontraste el apoyo de todos, con frases tan hermosas como, «no lo dudes, tu puedes hacerlo», o cuando empezaste a buscar ese trabajo que soñabas, por muy difícil que pareciera conseguirlo, escuchabas «seguro que lo encuentras, tu vales mucho», o en aquel momento que viajaste por primera vez con los amigos o amigas, seguro que alguien pensó, «irá todo bien, sabe hacer las cosas».

Efectivamente, enhorabuena, has llegado a la misma conclusión que llegué yo. Esa gran falta de oportunidades que comentábamos, viene precedida de una carencia mucho más amarga e invisible. La ausencia de expectativa de éxito. El hecho de que nadie crea en ti, es el comienzo de una vida marcada por la ausencia de oportunidades, siendo la vulnerabilidad la consecuencia de ésta. Después de todos estos años, conseguí entender porque un padre, lloraba amargamente cuando le hablaba del talento de su hija, o los ojos de sorpresa cuando esa madre, escuchaba que su hijo podría trabajar algún día. Nadie les habló nunca, en positivo. Fíjate, como algo tan insignificante puede llegar a ser tremendamente trascendente en nuestras vidas. Ponte en su lugar, tan solo un momento. Imagina que nadie cree en ti, que todo el mundo habla de tu realidad desde la carencia, lo negativo, lo que te falta, la dificultad que tienes.

Finalmente, ocurre lo inevitable, crees que efectivamente no vales nada. Se produce lo que llamamos, «inutilidad aprendida».

Así que, querido amigo o amiga, finalmente tuve que asumir que mi rol no era curar sino generar alternativas y oportunidades. Te animo a que te sumes a esta causa, muy sencilla. Como te digo, una propuesta sencilla para nosotros, significa esa gran oportunidad para muchos de ellos y ellas. Un, «¿te vienes……?», es el gran tesoro. Sigamos creyendo unos en los otros, no caigamos en estereotipos vagos que, sin lugar a dudas, solo distorsionan la realidad en la que vivimos. No perdamos esa expectativa de éxito, sobre aquellas personas que se encuentran en dificultad, sin duda es la mejor «terapia».

Quiero terminar esta reflexión, dándoles las gracias a todos ellos y ellas. Aquellas personas que me enseñaron que la psicología era mucho más que curar, y que me hicieron ver lo importante que era esa frase, a la que yo, no daba importancia. No dejemos nunca de decir a los demás, por muchas dificultades o carencias que tengan, «puedes hacerlo». Es el primer paso para que surja en el otro, la esperanza de encontrar esa oportunidad.

Por ANDRÉS MARTÍNEZPor ANDRÉS MARTÍNEZ

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Source: abc.es

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