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El excepcional impacto de un tipo normal


El primer ministro neerlandés, Mark Rutte, en la reunión de la Unión Europea, este lunes en Bruselas.
El primer ministro neerlandés, Mark Rutte, en la reunión de la Unión Europea, este lunes en Bruselas.STEPHANIE LECOCQ / AP

Hace seis meses escasos, la imagen de Mark Rutte, de 53 años, primer ministro liberal de derecha de los Países Bajos, producía un cierto cansancio a escala nacional. Con tres Gabinetes a sus espaldas en la última década, las dudas sobre su continuidad como candidato eran frecuentes. Y entonces llegó la pandemia. Su gestión de la crisis, firme a la vez que respetuosa hacia la ciudadanía, y su presencia continua en los medios —hasta extremos lacerantes en lo íntimo, ya que su anciana madre falleció en una residencia y no pudo verla para no saltarse las normas de seguridad— le han ganado el aprecio general. Sus índices de popularidad rozan cotas históricas y no hay, en estos momentos, otro líder posible de su partido —el Popular por la Libertad y la Democracia, de inspiración liberal-conservadora— para las próximas elecciones legislativas, previstas para 2021.

En su tierra, Rutte es Mark Rutte, y en la vida cotidiana, el nombre propio no suele mencionarse al hablar de los políticos holandeses. Un tipo tranquilo, optimista, con capacidad para cambiar de opinión si ve que algo funciona, soltero celoso de su intimidad abierto, dice, a tener familia. Un político que va en bicicleta, como la mayoría de sus compatriotas, llueva o nieve. Que se toma un café al paso cerca de su despacho, ubicado en el centro de La Haya, y saluda con una sonrisa a los curiosos que le reconocen. En otras palabras, o mejor, según el término nacional por excelencia: un tipo normal.

Fuera, sin embargo, se ha ganado estos días varios apelativos sonoros. Ha sido “Mr. No”, por su postura en la negociación de los planes europeos para la recuperación ante la crisis. Como líder del grupo conocido como de países frugales que buscaba reducir la cuantía de subvenciones y elevar el control sobre las mismas, ha recibido durísimas críticas en medios de muchos países europeos e incluso de alguno de sus homólogos. A diferencia del Reino Unido, detrás de cuyo peso político se situaba habitualmente en las grandes batallas, Países Bajos sabe que la Europa comunitaria es su espacio natural, pero la idea de que la solidaridad debe ir de la mano de reformas y controles está muy asentada en la sociedad y el Parlamento neerlandés.

Merijn de Waal, periodista del rotativo NRC Handelsblad, que fue corresponsal en España entre 2009 y 2014, cree que los roces con España e Italia tienen una doble interpretación. “Países Bajos no tiene el sentido europeísta español, y no se ha explicado bien a los holandeses que estamos en esto juntos. No es solo cuánto nos cuesta, porque si la UE florece, nosotros igual. Para el ciudadano que hace cálculos sobre su dinero, la falta de reformas desde la última crisis no se puede digerir”, señala.

Adriaan Schout, catedrático de Administración Pública en la universidad Radboud, en la ciudad de Nimega, tiene un punto de vista diferente. “Ha habido una cierta confusión. Hay una diferencia entre austeridad y reforma, y Rutte hablaba de reformas desde el contexto neerlandés de confianza de la ciudadanía en la fortaleza de sus instituciones”, dice. “El mensaje de Rutte llega a mucha gente. No hay más que mirar al grupo formado por los denominados frugales. Lo inexplicable es que la propia Comisión Europea hiciera una propuesta solidaria en abril con poca atención para la supervisión y el control. Esa laguna ha sido cubierta por Rutte”.

La aparente capacidad de encaje exhibida por el primer ministro en medio de las fuertes tensiones de los últimos meses deriva en parte de su veteranía política. También por su propia educación e historia familiar. Es el pequeño de siete hermanos y su madre, Mieke Dilling, fallecida a los 96 años, era la segunda esposa de su padre, Izaak. Mieke era hermana de Petronella, la primera mujer de Izaak, muerta en un campo de concentración en Indonesia durante la invasión japonesa en la Segunda Guerra Mundial. Rutte padre dirigía allí una empresa de importación y murió cuando el hoy primer ministro tenía 21 años. En 1980 perdió a uno de sus hermanos, Wim, por culpa del sida. Su media hermana mayor, con la que se llevaba 35 años, también ha fallecido. Estudió en el Maerlant-Lyceum, un centro público de secundaria de La Haya en un barrio residencial de clase media-alta. Licenciado en Historia por la universidad de Leiden, pensó en dedicarse al piano, trabajó en la multinacional Unilever, fue Secretario de Estado de Asuntos Sociales y después de Educación, entre 2002 y 2006, lideró su partido desde 2010, y su primer Gobierno data de ese año. No perdona las clases semanales de Ciudadanía, Derecho y Sociología que imparte en Johan de Witt College, un centro de Formación Profesional de La Haya, y uno de sus mejores amigos de la infancia, Lodewijk Dekker, dice de él, entre risas, que “se ha vuelto más joven, rápido, sano y atractivo con el tiempo, porque era muy feo”.

Rutte se ha expuesto en Bruselas a las críticas durante las negociaciones del fondo europeo, y lo habría hecho igual aunque no tuviera elecciones en 2021 y la presión de la extrema derecha de Geert Wilders y Thierry Baudet, coinciden los expertos consultados. “La pregunta es cómo afectará su dureza a la imagen e influencia de Países Bajos en el extranjero, aunque el pacto final beneficia a España e Italia, de modo que sí era flexible. Y La Haya afrontará cambios en su competencia fiscal. La responsabilidad individual en la resolución de conflictos es un sentimiento de la cultura protestante que permea a la sociedad neerlandesa en su conjunto, y creo que el poder de veto que pedía era una forma de negociar, directa, sin filtros. Que no gana amigos”, concluye Marcel Jansen, profesor titular de Análisis Económico de la Universidad Autónoma de Madrid

Source: elpais.com

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